martes, 16 de febrero de 2010

Exposición de Pablo Tello 'Caracool', en la galería Spectrum-Sotos.



Todo cambio de línea artística produce, entre otras consideraciones, una sensación inquietante, con cierta inseguridad controlada, que mide las posibilidades del futuro incierto con matices de gozo, sin duda por ese pasado creativo que Pablo Tello abandonó desde su condición como estricto pintor. Abandono que jamás significa un rechazo absoluto ante el acto pictórico, pues resulta factible su retorno en una fecha a determinar, desde luego con otra actitud como consecuencia de dispares experiencias. Dato sin olvidar que sus fotografías digitales están impregnadas de connotaciones pictóricas.

Ninguna exposición válida es producto de la casualidad. Cabe recordar que Tello es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, con especialidades de Pintura, Diseño Gráfico y Audiovisuales. Si durante un tiempo específico se dedicó a la pintura, la presente exhibición es de fotografía digital, tan cercana a lo Audiovisual, que ahora atrapa y mezcla con dosis pictóricas en el resultado definitivo. Con la pintora Noelia Zabal inició sus primeras fotografías y fue, en definitiva, la verdadera impulsora que provocaría un ámbito propio artístico sin concesiones hacia su pasado inmediato. Estamos, por tanto, ante 14 obras seleccionadas de 40, que realizó entre diciembre de 2008 y diciembre de 2009. El cambio, con resultado creativo, se inicia teniendo 32 años, lo cual significa que partió de una madurez con absoluta necesidad de sentir, de mirar, desde ángulos artísticos diferentes, siempre visualizados como rasgo de indiscutible sinceridad.

El título de la exposición, y de una obra, es Caracool, que bien podría ser Carafresca por lo de “cool” en inglés. Le siguen títulos, por ejemplo, como Paragüicidio, con el pintor José Moñu sujetando un paraguas, La bruja del siglo XXI, Tartufo, Duerme y calla que me rallas, Paisaje bajando la escalera o No tocar la tumba de Frank Einstein, que pueden detectarse como un deje irónico, incluso referencia hacia algún famoso cuadro, hasta cierto nivel relacionado con la obra vista en conjunto.

En cada fotografía digital vibra una excepcional complejidad cosida con precisión, como consecuencia de la fusión de partes que hasta el resultado final nadie podría pensar sobre su hipotético matrimonio. Nada, pero nada, se deja al azar. El color está perfectamente definido, integrado, de manera que pueden predominar los tonos exclamativos al servicio de formas específicas o generar una sensación sobria alterada por toques llamativos. Aquí, en el color y en ciertas formas abstractas mediante manchas y planos, se ubica su personal toque pictórico. Incluso incorpora el llamado cuadro dentro del cuadro, pero ahora el cuadro dentro de la fotografía digital, pues basta ver la obra Paisaje bajando la escalera. Pero, ¿y la escultura? En Soy minero y en Bloqueo special K se detectan formas muy vinculadas con la escultura, mientras que en El cherif de la pecera existe una forma en la zona superior muy enlazada con la Cinta de Moebius, que tanto han utilizado algunos pintores y escultores con resultados excepcionales.

El espacio corresponde a interiores y a lo que en apariencia son exteriores, pero siempre muy cercano a nosotros, como si lo representado estuviera engullido por un ámbito opresor capaz de acoger formas sin medida por su número y variedad. En dicho espacio, esa clave que aglutina la composición de cada fotografía digital, incorpora una infinita variedad de elementos, que abarcan desde los correspondientes a la vida cotidiana, véase la botella de agua, hasta los pertenecientes al estudio de un artista con absoluto desorden como consecuencia del trabajo cotidiano. Todo sin olvidar, cuando procede, desde ruedas de camión a elementos vegetales. La consecuencia es un laberinto caótico por acumulación de objetos que integra de manera impecable, como si un extraño duende interior guiara tan anómalas presencias vía versatilidad.

En medio de lo indicado, con perfecta naturalidad, como si danzaran en un ámbito afín desde siempre, se detecta la presencia de dispares figuras que respiran cambiantes panoramas. Rostros gritando, el pintor José Moñu en el estudio cubriéndose con un paraguas y vestimenta para pintar, una figura masculina con el pene chorreando sangre, figuras masculinas y femeninas medio aterrorizadas, la belleza de la mujer inmersa en un ámbito hostil y manos flotantes que sujetan máscaras y miran con asombrada fijeza al mismo sitio, como si otra realidad, la que sea, cambiara su pensamiento. Hombres y mujeres, salvo muy rara excepción, viven angustiados, incluso abrumados, en un medio hostil que nunca controlan o deciden traspasar la línea de toda coherencia vital, hasta sin añoranza, quizás porque para ellos un mínimo de felicidad, de armonía, existe en otros territorios por descubrir.

Dispares formas combinadas, colores, espacios, figuras humanas. Gestos pictóricos e insinuaciones escultóricas. La cámara digital, ante tal derroche fusionado, respira el asombro fugaz por ausencia de su control en la creencia de ser libre, pues la mano y el pensamiento del artista se unen para generar un ámbito singular, independiente, aglutinado en la proliferación de cambiantes ideas.

Galería Spectrum, C/ Concepción Arenal, 19-23, Zaragoza
Horario: Lunes a viernes de 16:30 a 20:30h.
Hasta el 23 de Febrero de 2010

1 comentario:

Ariadna dijo...

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